viernes, 14 de marzo de 2008

CARTA

Señor,
Quiero volver a ser como un niño que confía plenamente en su padre. Quiero saber como escuchar cuando querés educarme y hacer cuanto me pidas. Qué distinto soy hoy día, me envuelve el tiempo, los quehaceres y las muchas distracciones que suelen surgir. Quisiera aprender a tener el tiempo para vos y poder comprender muchas cosas. Hoy sufro de orgullo, de soberbia y de desconfianza. Mi corazón herido se ha convertido en un corazón duro y distante de mi Dios y de mi prójimo. No comprendo a la gente porque no deseo comprender, no escucho a los demás porque no quiero escuchar, no motivo a la gente porque me falta motivación, qué necio soy. ¿Qué busco? ¿Qué quiero? A caso lo sabes vos.
Recuerdo que en la niñez sabía como aprovechar bien mí tiempo y hasta podía descansar bajo un árbol sin que nadie interrumpiera ese momento sagrado. A veces solo miraba el cielo, contemplaba la forma en que se movían las ramas de los árboles y disfrutaba de la suave brisa del viento que me acariciaba la cara. Recuerdo como añoraba encontrarme con mis amigos y escuchar lo que habían hecho durante el día. ¡Cuántos momentos agradables! Hay breves instantes en que surge en mi mente escenas de cuando te hablaba y me maravillaba el por qué yo podía ver, moverme y hablar. Me maravillaba ver cuantas cosas increíbles no comprendía pero al pasar el tiempo y crecer, dejé de sentir esas maravillas. Ya comprendía con mi propia inteligencia y podía entender el por qué de muchas cosas y perdí la capacidad de maravillarme, de escucharte y de verte en todo lo que me rodeaba. Lo que más me causa tristeza es ver cuanto ya no te veo en la gente. ¡Cuántos hombres han perdido la sensibilidad del corazón! ¡Cuántos han podido disfrutar de la sabiduría de Dios y la han remplazado con la sabiduría humana! Sí, yo mismo me incluyo y me causa gran tristeza ver el estado en que me encuentro hoy. Hasta cuando voy a seguir perdiendo mi tiempo en cosas inútiles y pasajeras. ¿A dónde voy Señor? ¿Decime, a dónde voy?
Cuánto deseo ser niño otra vez y abrazarme junto a mi padre, sentarme en su falda y escuchar la melodiosa voz que me habla. Cuánto quisiera saber abandonarme ahora sin miedos y rodeos, sin poner obstáculos y pausas. ¿Qué me pasa Señor? ¿Hasta cuándo, hasta cuándo? Quiero, deseo y busco ser como niño otra vez. Capacítame Señor, muéstrame cómo saber escuchar, hablar y morir al hombre orgulloso, a la soberbia y a la dureza de corazón.
Dame luz, dame verdad, dame fe Señor. No ignores mi petición, enseñame y llevame nuevamente ante vos como antes. Ya no quiero ser igual, quiero producir frutos en mi vida. Quiero saber ser hermano, prójimo, amigo de Dios, amigo del hombre. Quiero saber amarme y dejarme amar, valorarme y saber valorar, escucharte y saber escuchar, amarte y yo amar. ¿Decime Señor, que tengo que hacer para ser libre de este hombre que me tiene prisionero?

Respuesta:

Los pensamientos de los hombres no son como los de Dios. Dios es sencillo en sus palabras, Él se regocija en aquellos que hacen buen uso de los dones que se le han dado. El hombre sin temor de Dios se distancia y se le endurece el corazón. Poco a poco se enferma el alma, comienza la ceguera y sordera espiritual. Su propia sabiduría lo transforma en hombre soberbio e indiferente. Gota a gota y paso a paso desvanece su sensibilidad y su sencillez. El niño interior comienza a disminuir y se da el fenómeno del hombre que se quedó en el desierto dando vueltas por cuarenta años.

Me preguntas hasta cuándo, bien, te diré. Hasta cuándo tú quieras que sea. Solo cuando aceptes que yo soy tu todo, entonces podrás ver, escuchar y vivir como hombre de Dios. Es entonces que podrás ser como niño porque habrás comenzado a salir del desierto y habrás podido comprender el amor. El amor lo abarca todo, es libertad, es paz, es luz y es saber vivir en Dios y con Dios en el mundo. Habrás de reconocerme en el prójimo decaído, pobre, humilde, sencillo y amado por mi. Habrás de reconocer los dones del hermano sin sentir celos espirituales, habrás de apreciar y dar gracias por aquellos que trabajan por Dios, habrás de manifestarte en gozo espiritual y en la luz del Espíritu.

Dices que quieres ser como niño otra vez pero, eso se queda en un círculo infinito de petición cuando no ejerces el primer paso, el de lanzarte sin miedo, el de reconocer las propias debilidades del corazón. Es hacer abandono, ser como un niño que confía plenamente en el padre como lo hizo Abraham con Isaac ante la petición de mi Padre a que se lo ofreciera como sacrificio a Él. Es saber escuchar en todo momento, saber realizar en obras tus palabras ante Dios. Sí, es ser presencia ante Dios que está presente ante ti.

Ser como niño es depender con plena confianza en la sabiduría de Dios, vivirla y hacerla tuya en tus obras. Es saber de todo corazón que todo cuanto posees te lo ha dado Dios. Es ver cuanto te ama y responderle a Él en el prójimo necesitado y en dar tu sí a Dios. Dices que quieres volver escuchar las palabras de tu padre, sentarte en su falda, pues ven, no esperes más y acepta el amor de Dios, vívelo y entrégate a Él.

1 comentario:

walter dijo...

Hola, Hola como estas? suena muy bien tu musica, la escuche solo en youtube.com, Me llamo Walter y tengo mucho interes de hace tiempo de contactarme con gente que haga musica catolica.De adolecente integre un ministerio de musica carismatica, y me fui alejando con el paso del tiempo por distintos motivos, y es muy , pero muy, muy dificil encontrar gente que quiera hacer musica catolica, yo toco la bateria y tengo mi instrumento, estoy incursionando con el bajo tomando clases con un particular, asi que si sabes de alguien con el mismo interes que el mio me podrias contactar dale??, bueno gracias por estar ahi, y te felicito por lo que haces, bendiciones.